domingo, 10 de julio de 2016

AMOR VERDADERO.


Eran las 8:30 de una mañana agitada, cuando un señor de unos 80 años llegó al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.
Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo ví mirando su reloj y decidí, ya que no estaba ocupado con otro paciente, que podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, y pedí a uno de los doctores el material necesario para quitarle las suturas.
Mientras lo hacía, le pregunté si esa mañana tenía una cita con otro médico, ya que lo veía tan apurado. El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. Le inquirí sobre su salud. El me respondió que hacía tiempo que estaba allí ya que pacedía de Alzheimer. Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde. Comentó entonces que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que no podía ya reconocerlo.
Sorprendido, le pregunté:
–Y usted sigue visitando a su esposa cada mañana, ¿aun cuando ella no sabe quien es usted?
El sonrió, me acarició la mano y dijo:

–Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella.
Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba.




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