lunes, 22 de febrero de 2016

Con cuánta facilidad juzgamos.


Se encontraba una familia de cinco personas pasando el día en la playa y tomando el sol.
Los tres niños estaban haciendo castillos de arena junto al agua cuando, a lo lejos, apareció una anciana.
Se veía con sus canosos cabellos al viento y sus vestidos sucios y harapientos y recogía cosas del suelo.

Luego las introducía en una bolsa y, al mirarla, los padres llamaron junto a sí a los pequeños.
Les dijeron que no se acercaran a la anciana y, cuando ésta pasó junto a ellos, no le respondieron el saludo.
La vieron alejarse inclinándose una y otra vez para recoger cosas del suelo y dirigió una sonrisa a la familia.
Semanas más tarde supieron que la anciana llevaba toda su vida recogiendo cristales para que los niños no se hirieran los pies.
¡Ay! Cómo nos cuesta evadir los juicios. Con cuánta facilidad juzgamos sin conocer la realidad.



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