martes, 26 de enero de 2016

"Yo soy tu ángel guardián".



Había una vez una niñita sentada en un parque.
Todos pasaban por su lado y nunca nadie se detenía a preguntarle qué le ocurría.
Vestida con un traje descolorido, zapatos rotos y sucios, la pequeña estaba
sentada mirando a todo el mundo pasar. Ella nunca trató de hablar, no dijo una palabra. 
Muchas personas pasaron junto a ella, pero nadie se detuvo. Al día siguiente, yo decidí
volver al parque a ver si la pequeña niña estaba ahí. Sí, ahí estaba. En el mismo lugar
en el que estaba ayer...
Con la misma mirada de tristeza en sus ojos. Me dirigí hacía ella; al acercarme
noté que en su espalda había una joroba. Ella me miró con una tristeza tan profunda que
me rompió el alma. Me senté a su lado y sonriendo le dije: "Hola". La pequeña me miró 
sorprendida y con una voz muy baja respondió a mi saludo. Hablamos hasta que los
últimos rayos del sol desaparecieron.
Cuando sólo quedábamos nosotros dos y la oscuridad alrededor, le pregunté por qué 
estaba tan triste. La pequeña me miró y con lágrimas en los ojos me dijo:"Porque soy diferente".
Yo respondí con una sonrisa: "Lo eres". Y ella dijo aún más triste: "Lo sé". Yo le dije:
"Pequeña, ser diferente no es malo. Tu me recuerdas a un ángel, dulce e inocente".
Ella me miró, sonrió y por primera vez sus ojos brillaron con la luz de la alegría.
Despacio, ella se levantó y dijo: "¿Es cierto lo que acabas de decir?"
"Sí", respondí, "Eres como un pequeño ángel guardián enviado para proteger a todos
los que caminan por aquí".
Ella movió su cabeza afirmativamente y sonrió. Ante mis ojos algo maravilloso ocurrió.
Su joroba se abrió y dos hermosas alas salieron de allí. Ella me miró 
sonriente y dijo:"Yo soy tu ángel guardián".
No sabía qué decir. Ella me dijo: "Por primera vez pensaste en alguien más.
Mi misión está cumplida."




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