jueves, 2 de julio de 2015

UN PADRE.

A los siete años:
"Papá es un sabio; todo lo sabe".

A los catorce años:
"Me parece que mi padre se equivoca en algunas cosas".

A los veinte años:
"Mi padre está un poco atrasado. No es de esta época".

A los veinticinco años:
"Mi padre no sabe nada, está chocheando".

A los treinta años:
"No sé si ir a consultar este asunto con mi padre,
tal vez él podría aconsejarme".

A los cuarenta y cinco años:
"¡Qué lástima que papá se haya ido!, él me hubiera aconsejado".

A los sesenta años:
"Mi padre era un sabio, lástima, lo comprendi demasiado tarde". 


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